Escribe Irene Vallejo en uno de sus artículos que la muerte de un ser querido nos empequeñece, que la pérdida de alguien a quien amábamos es como si se desprendiera un trozo de nosotros mismos y que, para no admitir la disminución, para enlazarnos con lo que ha desaparecido, hablamos a los muertos. Es cierto, todos lo hacemos. Nos cuesta admitir que nuestra conversación ya no les importa, que lo relevante es aquello que modelaron en nosotros mientras los tuvimos cerca. El 2020 empezó mal, con la peor de las noticias, y ya no hubo manera de enderezarlo: un año convulso donde lo urgente nos ha impedido ocuparnos de lo importante; tan pródigo en renuncias y carencias que incluso nos ha negado el consuelo de un duelo sosegado por M. Ángeles, que nos ha privado de recordarla con los compañeros, de evocarla con los alumnos, de añorarla con los amigos. Queremos compartir con los que la conocisteis el homenaje a la compañera, la despedida a la amiga. Como compañera, es fácil definirla en una p...
Comentarios
Publicar un comentario